Martes 4 de Septiembre 2012
Comentarista: Cuauhtémoc Medina
Moderadora: Gabriela Ugalde García
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El uso de la luz como respuesta a una técnica limitante del color. Las fotografías de Désiré Charnay en México durante la segunda mitad del siglo XIX.Comentarista: Cuauhtémoc Medina
Moderadora: Gabriela Ugalde García
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Oscar Mauricio Medina Sánchez
UNAM, Facultad de Filosofìa y Letras, doctorado en Historia del Arte
Esta ponencia se refiere a las limitantes tecnològicas del color en las fotografías de Désiré Charnay, uno de los exploradores màs destacados que se dieron cita en México para explorar y documentar, a través de la fotografía, varios sitios arqueológicos pertenecientes a la región cultural llamada Mesoamérica. El color en sus fotografías está dado por el uso de la luz y la representación de diversas gamas de grises, sus obras visuales dan cuenta no solo de la importancia como documento, sino del uso de la luz para representar, a través de los pocos recursos cròmaticos que contaba, imágenes que nos llevan, justamente por medio de los grises, a percibir este sentido de la ruina como tal, a experimentar el sentimiento de abandono, de destrucciòn, que forma parte hoy en dìa casi de un canon cromático para representar lo antiguo, es decir el pasado, un pasado que está representado en este caso de manera inevitable, en las fotografías de este explorador. Inevitable en el sentido de que la fotografía para esos momentos solo se producía en blanco y negro, una limitante tecnológica, pero a su vez una ventana hacia una gama de grises que solo eran possibles a través del buen uso y manejo de la técnica fotogràfica, lo cual hizo con gran determinaciòn Désiré Charnay.
La no-particularidad del color en el arte mexicano del siglo XX.
Un breve análisis acerca de la noción cultural de nuestro país a partir de concepciones preestablecidas
Arturo Rodríguez Döring
Centro de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas Instituto Nacional de Bellas Artes
En la “Presentación” de Rita Eder para El color en el arte mexicano coordinado por Georges Roque nos recuerda que en “México se utilizan tonos y colores como el rosa mexicano y el azul añil que no son frecuentes en otras culturas; en este sentido, puede decirse que hay una audacia colorística que es peculiar de la cultura mexicana.” En este trabajo, diversos y muy reconocidos autores intentan destacar los aspectos más característicos del color en México, desde el preclásico hasta nuestros días y abordando temas tan variados como los tintes naturales, la comida, las artes populares e inclusive el blanco y el negro de J. C. Orozco.
No obstante, en la “Introducción”, Roque se lamenta de que “A pesar de la riqueza cromática que caracteriza a la naturaleza y a la cultura mexicanas, no existen hasta la fecha estudios sistemáticos sobre el color y sus usos culturales.” Hace dos años comencé mi tesis doctoral con el tema “La no-particularidad del color en el arte mexicano del siglo XX”. Quisiera participar en este coloquio con un breve ensayo que funcione como punto de partida para la introducción. En su “Presentación” Eder plantea así las causas del problema: “cómo se construye la idea de un sentido del color mexicano, cuánto hay de esquemas rígidos, preestablecidos, y cómo un análisis con herramientas metodológicas actualizadas puede contribuir a un conocimiento que corresponda a la riqueza colorística de los diversos aspectos de la cultura mexicana.” Mi hipótesis es que tanto “lo mexicano” como la noción de un color mexicano, son tradiciones inventadas de épocas muy recientes.
Maurycy Gomulicki: Rosa Mexicano
Iñaki Herranz Margain
Posgrado en Historia del Arte
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Desde su difusión por el ilustrador y modista Ramón Valdiosera durante los años 1940 y 1950, el color conocido como “rosa mexicano” ha inspirado o servido en la creación de múltiples obras de arte, así como en piezas de diseño o acabados arquitectónicos, más allá del arte popular y la indumentaria.
Dentro de dicho historial, se distingue muy particularmente un autor contemporáneo, debido a que el profuso uso e interpretación o resignificación que él hace de ese color, así como de sus localismos y gamas derivadas, le representaron un parteaguas en su carrera y un soporte expresivo troncal: el multifacético artista visual polaco-mexicano Maurycy Gomulicki.
M. Gomulicki (Varsovia, 1969 - reside la mitad del año en México DF desde 1996), aunque mantiene un perfil discreto en nuestro país en comparación con la fama de la que goza en su natal Polonia (donde tuvo ya una retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes en el 2007 y en 2010 se le otorgó el prestigioso premio al “hombre del año en la cultura”, además de considerables comisiones de arte público, escultura monumental e intervenciones arquitectónicas), se le considera uno de los más destacados artistas de la actualidad en Europa del este.
Es artista, escritor (historiador, crítico y ensayista), editor visual, diseñador y coleccionista de fetiches eróticos y objetos rosas.
Trabaja escultura, fotografía (cuenta con cuatro libros publicados), instalación, intervención arquitectónica, arte-objeto, performance, ilustración y diseño (gráfico, interiorismo y de artoys).
Calificado por la crítica como un profundo humanista a la vez que pornópata, Gomulicki se define a si mismo como un hedonista cuya obra explora las marcas de la alegría en la vida y la cultura del placer, a través de tres ejes temáticos: sus manifestaciones en la cultura popular, la sexualidad –principalmente- y en menor medida la inasible condición mortal del ser (aquello que justifica el Carpe diem).
Respecto al sexo, lo femenino y lo erótico, tan abordados por Gomulicki -tanto con enciclopedismo como con contemporaneidad y tanto con sutileza como con un carácter explícito, pero sin llegar nunca a lo obsceno ni lo provocador-, su obra establece un continuo cuestionamiento del simbolismo y connotaciones en torno al color rosa (y la paleta relativa de lila, lavanda, fucsia, magenta, malva, cereza, carne y púrpuras y violáceos). En el año 2006 curó incluso una mítica exposición en torno a ello, “Pinknotdead” que posteriormente itineraría con éxito por Europa. El estudio por M. G. del significado de esta gama de colores (paralelo a sus reflexiones en torno al “colorido tropical”), le permite además hilvanar formalmente su cuerpo de obras.
La ponencia enfatizaría su análisis en la relación que tiene la obra de este peculiar artista con el color rosa.
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